No escribo este libro desde la rabia.
Lo escribo desde la conciencia.
Soy terapeuta ocupacional. Entré en las residencias geriátricas por necesidad laboral. No por vocación idealista, no por romanticismo profesional. Necesitaba trabajar. Y allí encontré algo que no esperaba: personas. Personas reales, con historia, con memoria, con dignidad… y con miedo.
Con el tiempo comprendí que mi función no era solo movilizar articulaciones, estimular memoria o diseñar talleres de actividades de la vida diaria. Mi verdadera función era sostener lo que el sistema empezaba a dejar caer: la identidad.
En las residencias he visto enfermedades geriátricas devastadoras: demencias que borran nombres, Parkinson que inmoviliza voluntades, ictus que fragmentan biografías, depresiones que nadie diagnostica porque “es normal a su edad”. He visto úlceras por presión que no son solo lesiones cutáneas, sino heridas institucionales. He visto sillas ocupadas durante horas sin movimiento. He visto cuerpos callados.
Pero lo más duro no son las patologías.
Lo más duro es cuando la enfermedad se convierte en excusa para despersonalizar.
He visto cómo se medicaliza la conducta en lugar de comprenderla. Cómo se seda la agitación sin preguntarse qué la provoca. Cómo se interrumpe una actividad terapéutica porque “no hay tiempo”. Cómo se convierte la vida en rutina y la rutina en espera.
He visto dignidad… y también he visto lo contrario.
| ISBN | 9798250483247 |
| Número de páginas | 178 |
| Edición | 1 (2026) |
| Formato | A5 (148x210) |
| Acabado | Tapa blanda (con solapas) |
| Coloración | Blanco y negro |
| Tipo de papel | Estucado Mate 90g |
| Idioma | Español |
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