
El sionismo desde sus inicios tuvo que afrontar el problema de que una población árabe ya vivía en la tierra donde los judíos habían puesto su corazón.
Jabotinsky afirmó en su artículo publicado en 1923 bajo el título de “El Muro de hierro” que el único medio para que las dos comunidades pudiesen convivir en paz como buenos vecinos era el establecimiento en Palestina de una fuerza que contuviera la presión árabe. “Cada nativo de esa tierra resistirá el asentamiento de extranjeros mientras vean cualquier esperanza de librarse del peligro de una colonización”, escribió, “Así se comportarán mientras posean una brizna de esperanza de que puedan impedir la transformación de Palestina en la Tierra de Israel”.
Ese espíritu de resistencia que advertía Jabotinsky lo encarnó, desde la Declaración Balfour, Amin al-Husseini.
Toda su vida la dedicaría a la lucha por la independencia de los árabes, ya sea del yugo colonial británico o contra los asentamientos y la inmigración judía en Palestina. La lucha a estos enemigos incluso le fue acercando a la Alemania nazi, en una coalición de intereses comunes en la lucha contra el mismo enemigo. Palabras del propio muftí declaraban que el enemigo de mi enemigo es mi amigo.
El Gran Muftí de Jerusalén no es la causa del conflicto sino una de las consecuencias. Las causas de este conflicto son diversas y trataremos de ubicarlas en este pequeño estudio de la primera mitad del siglo XX en Palestina.
Las consecuencias también son múltiples y quizá
Número de páginas | 100 |
Edición | 1 (2025) |
Idioma | Español |
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