Nada es más placentero que poder narrar un “fragmento” de una historia, sobre todo cuando en ella se habla de la grandeza de un gaucho, de un acordeonista-cantor, de su componer, de su tocar y de su cantar.
Al concluir este libro, sentí la necesidad de añadir algunas notas que, por su relevancia, no podían quedar ausentes. Son trazos que ayudan a iluminar, aún más, los contornos de la vida de Adelar Bertussi.
Fue exactamente en el último día de la primera quincena de febrero de 1933 —a pocas horas del día 16— cuando, en la querencia de la Fazenda Bertussi, vino al mundo quien se convertiría en uno de los nombres más destacados de la música gaucha. La propiedad, erigida por las manos del hacendado y maestro Fioravante —padre de Adelar—, se encontraba en las cercanías de Criúva, en São Jorge da Mulada. Allí nacía no solo un niño, sino un destino: el de uno de los gauchos más queridos, acordeonista consagrado, cantor y compositor, cuya trayectoria habría de llevar alegrías, honores y glorias —ayer, hoy y siempre— no solo a Rio Grande do Sul, sino a todos los rincones de Brasil y más allá de sus fronteras.
Hijo de Fioravante Bertussi y de Juvelina Siqueira Bertussi, Adelar, desde muy temprano, revelaba señales de su inclinación natural hacia la música. Al igual que su padre —el viejo Taura Fioravante—, llevaba en el pecho la llama viva y ardiente del arte musical. Siendo Juvelina la más joven del matrimonio, la familia contaba además con tres hijos más: Wilson, Valmor y Honyde
| Número de páginas | 154 |
| Edición | 1 (2026) |
| Formato | A5 (148x210) |
| Acabado | Tapa blanda (con solapas) |
| Coloración | Colorido |
| Tipo de papel | Offset 80g |
| Idioma | Español |
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